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PROGRAMA DE MANO

Cantando bajo las balas

Entre “¡vivas a la muerte!” y “¡muerte a la inteligencia!”, Millán Astray nos cuenta y nos canta su historia, la de un hombre abnegado que lucha por salvar la patria de esos rojos, de esos separatistas y de esos intelectuales que quieren romper España. Los balazos, las heridas de guerra y las mutilaciones son las pruebas visibles de su entrega mártir. ¡Sin duda, un héroe!

Pero ese 12 de octubre de 1936, el Día de La Raza, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, el viejo rector, ese Unamuno de los cojones, vino a tocarle los mismísimos.

“Venceréis pero no convenceréis” dice el carcamal…

¿Cómo no partirse de risa ante semejante estupidez? ¿Y él se dice inteligente? …Tiempo al tiempo.

Multimedia

Ficha Artística

REPARTO
Millán Astray – ANE GABARAIN
DJ – MARC SERVERA

EQUIPO
Dirección – ASIER ANDUEZA
Ayudante de Dirección – PAUL ALCAIDE
Música y Espacio Sonoro en Directo – MARC SERVERA
Diseño de Iluminación – DAVID BERNUÉS
Escenografía – JOSÉ LUIS RAYMOND
Vestuario – EDURNE IBÁÑEZ
Dirección de Movimiento – ARTURO VARGAS
Producción y Distribución – BIKTOR ANDUEZA
Una Producción de LUNA HIENA INTERACCIONES CULTURALES S.L.

ENTRE LOS MUERTOS
nota del autor, Antonio Álamo
CANTANDO BAJO LAS BALAS narra en primera persona el primer acto oficial franquista de la historia que tuvo lugar el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca y cuyo gran ausente fue, curiosamente, el mismo Francisco Franco, que no obstante envió en representación a su mujer, Doña Carmen Polo. Allí figuraban otras personalidades, a algunas de las cuales se las cita en la obra, pero dos de ellas se hicieron con el total protagonismo de aquella mañana: el General Millán Astray y Don Miguel de Unamuno, que para espanto de todos se enfrentaron con una violencia inesperada, al extremo de que este último estuvo a punto de ser linchado.
Esta obra parte de la extrañeza ante la ingenua y contradictoria adhesión de Unamuno al alzamiento militar de 1936 y de un proceso de investigación infructuoso acerca de dos reuniones que mantuvieron Franco y el escritor en Salamanca, primera capital franquista al comienzo de la Guerra Civil. Un impulso primigenio que se acaba centrando convirtiendo en protagonista del relato a un solo personaje de carácter muy distinto al del intelectual pero también fascinante por otros motivos, el General José Millán Astray y Terreros, fundador de la Legión. La sed de eternidad era equivalente en ambos hombres, pero no así los instrumentos de los que se querían valer para alcanzarla: la razón y la violencia, una vez más, enfrentadas, y, en medio, España y sus muertos.
Esta mañana del 12 de octubre de 1936 cuenta con, al menos, tres alicientes para ser citada: el primero, que se trató del ensayo general de los principios intransigentes que se instalarían y prolongarían cuatro décadas; el segundo que, además de todas esas disertaciones, arengas y sermones sobre algo llamado España, se escucharon improvisadas palabras que, esta vez sí, provenían del corazón de los hombres que las pronunciaron; y, por último, que casi noventa años después, discursos muy parecidos están alentando un resurgir violento blanqueando a los asesinos. ¿Es que no tenemos ya suficientes ruinas, suficientes muertos?

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Colaboradores

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